Viaje al corazón de Rusia

Y colorín colorado… todo lo bueno se acaba

septiembre 14, 2011
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Jueves, 1 de septiembre de de 2011

Pues sí, la aventura rusa ha llegado a su verdadero fin y, teniendo en cuenta lo cansada que estoy, tampoco me voy a tirar de los pelos.

Ha sido bonito, estimulante, nostálgico, emocionante, embriagador y sobre todo, muy muy intenso.
Es hora de descansar y de meditar sobre todas las experiencias que he reunido a lo largo de estas semanas.

Tengo que agradecer a mucha gente.
A nuestros anfitriones rusos, por supuesto. Les he dedicado un post entero.
A Liza, mi rusa loca. Sin ella toda esta gran aventura habría sido imposible.
A sus amigos (Tobin, Natàlia, Ilyà, Sashurina) y a su familia, que se han volcado en este proyecto y nos han ayudado en todo lo que han podido…

Together hasta el fin…

Y muchas gracias a todos los que habéis seguido el blog con interés y cariño.
No sabéis lo mucho que me ha animado vuestro apoyo, porque mantener un blog con constancia, cuando se viaja en condiciones extremas, requiero mucha energía, mucho trabajo y mucha determinación.
Sin vuestros comentarios divertidos y afectuosos, no habría tenido la fuerza de escribir cada día.

¡¡Por fin voy a dejar de cargar la puñetera mochila tecnológica!!

Gracias a todos. De verdad.
¡Hasta la próxima aventura!
Todavía queda mucha Siberia por descubrir…

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Silvia y su escuela de italiano

septiembre 14, 2011
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Silvia en su escuela de italiano en Moscú

Miércoles, 31 de agosto de 2011

En este viaje no podía dejar de hacer una última cosa. Visitar a mi amiga Silvia, una compañera de la universidad que vive en Moscú desde hace 11 años.
En julio estaba de viaje, así que he tenido que esperar hasta el último momento para verle el pelo.

Silvia siempre ha tenido una pasión desmedida por los perros

Silvia es originaria de un pueblito de Liguria, un lugar de ensueño del norte de Italia. Norte, repito, norte de Italia. Vino a estudiar a Nápoles porque mi universidad es una de las mejores en Italia en cuanto a estudios eslavos y de sovietología. Lo que no se esperaba Silvia, era el caos propio de Nápoles y de la más pura napolitanidad.

Su perro no se separa nunca de ella

Recuerdo que flipaba con todo: con los autobuses extraoficiales, que circulaban por las aceras intentando sortear el tráfico infernal que a diario paraliza la ciudad; con que no hubiese horario de salida para trenes y autobuses; con que los hombres te tocaban el culo por sistema, amparados por el anonimato que otorga la muchedumbre en los autobuses.
Recuerdo que era la única persona del grupo de universitarios que pagaba el billete en el bus y todos nos sorprendíamos, víctimas inconscientes y orgullosas de una falta de civismo atávica que condena el sur de Italia al inmovilismo y al subdesarrollo.

Con Silvia aprendí que existe otra Italia, que otro mundo es posible, que valores como el respeto por la cosa pública, el civismo, la educación son reales en otras partes de Italia.
Creo que después de conocerla, aumentó mi necesidad imperiosa de irme del sur de Italia para buscar o construir mi propio mundo.

La última vez que hablé con ella, estaba dando clase de italiano en el Instituto Italiano de Cultura de Moscú. Silvia siempre tuvo un dominio envidiable del idioma. Le encantaba la poesía, un género que lamentablemente todavía no he aprendido a amar, y componía versos que nunca fui capaz de apreciar.

Mi sorpresa ha sido tamaña al descubrir que ha abierto su propia escuela de italiano. Se ha convertido en una empresaria y da trabajo a casi 30 personas, entre profesores y administrativos. Y me he llenado de orgullo, porque no puedo imaginarme una persona más idónea para difundir nuestra bella lengua por el mundo.

Hacía más de una década que no nos veíamos y en fin, ha sido otro bonito reencuentro dentro de los encuentros y reencuentros que he tenido en Rusia.


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El Museo de la Fotografía

septiembre 14, 2011
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Miércoles, 31 de agosto

Antes de irme de Moscú, no podía dejar de visitar el Museo de la Fotografía, una estructura moderna y funcional que combina con agudeza exposiciones de corte más comercial con clásicos de la fotografía soviética y rusa.

http://www.mdf.ru/english/

Hay una expo sobre medio ambiente, otra de National Geographic con video de personas que hablan sobre temas universales, y una muy buena sección de fotógrafos soviéticos.

Eso sí, cualquier inauguración en Moscú se convierte en una ocasión para lucir vestidito nuevo, y de repente el museo se llena de valquirias rubias ataviadas en los mejores trapitos, que se pasean por las salas más para dejarse ver, que para ver las fotos colgadas en las paredes.
Y es que no hay nada más presumido que las mujeres de Moscú.


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La hospitalidad de los rusos

septiembre 14, 2011
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Llegada a este punto, no paro de sorprenderme de lo acogedores y generosos que han sido los rusos a lo largo de todo este largo viaje.

Nos han brindado todo tipo de delicadezas. Han cocinado para nosotros sus mejores recetas, nos han dejado sus mejores cuartos, nos han preparado el té cuando hacía frío para entrar en calor, o cuando volvíamos de alguna aventura para que compartiéramos con ellos nuestras historias.

Algunos no nos han dejado coger el tren sin entregarnos una cantidad pantagruélica de comida casera.
La madre de Liza fue a comprarnos queso, pescado, tomates, pepinos y hasta cerezas para el viaje a Murmansk.

La madre de Timur, nuestra familia de Murmansk, se pasó la noche en vela para prepararnos dos pollos asados para el viaje.

La madre de Serguey, en Yelets, nos ha hecho los mejores blinys del viaje.

Los maravillosos blynis de la madre de Serguey, en Yelets

Serguey da el toque final a los blinys de su mamma

Danilo, en Astrakhan, nos ha dejado solas en su piso todo el fin de semana, prueba de la enorme confianza que tenía en nosotras.

Y en el mercado nos han invitado a comer sandía gratis.

Andrey, en Elistá, nos ha hecho sentir como en casa.

Hasta la madre de Styopa, nuestro anfitrión de Piatigorsk, nos ha preparado un desayuno a base de patatas fritas, lo único que tenía en casa.

Y Lyusa, en Vladikavlkaz, nos ha recibido con caviar y al día siguiente, ha salido antes del trabajo para ofrecernos una cena deliciosa.

Aleksey y Olya, nuestra familia de Sochi, nos han tenido a cuerpo de rey: todos los días desayuno, comida y cena. Incluso nos han llevado  a casa de amigos de familia, que en un pispás han montado un banquete impresionante sólo para nosotras.

En Abjasia, nos has recibido como reinas en una casa con vistas al mar. Nos han dejado el mejor cuarto y Andrey, nuestro anfitrión del Hospitality Club, ha pagado hasta la cena y las copas.

¿Cómo agradecer tanta hospitalidad y tantos detalles?
Por supuesto, he invitado a todos a Madrid, y teniendo en cuenta que los rusos han empezado a viajar como posesos, preveo un año de mucha visitas en mi piso de Lavapiés.

¡Gracias a todos de corazón!
Спасибо большое!


En la kommunalka de Moscú

septiembre 14, 2011
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Martes, 30 de agosto

En Moscú nos quedamos en casa de Sashurina, una amiga de Liza que vive en una kommunalka con su marido y su hija.

(sobre las kommunalkas: https://viajealcorazonderusia.wordpress.com/2011/07/17/la-petrogradskaya-storona/)

Ya he explicado que las kommunalkas son los pisos comunitarios de la época soviética donde viven personas de familias distintas y comparten el baño y la cocina. A diferencia de los pisos compartidos de Europa, en este caso no se puede elegir a los compañeros de piso. Además, el Estado es normalmente el dueño de estos edificios y se desentiende de su mantenimiento, con lo cual las casas se caen a cachos.

El caso de la kommunalka de Sashurina, en el barrio de Izmailovo, la situación es completamente distinta. Los padres de su marido compraron la parte que les correspondía en los años 90, cuando empezaron las privatizaciones. El otro inquilinos de la casa, un monje medio autista, hizo lo mismo.

Por eso, Sashurina y su familia, que poseen dos de los tres cuartos que tiene el piso, están condenados a convivir con el otro dueño hasta que una de las dos partes decida irse de la casa, cosa improbable en una ciudad como Moscú, donde los alquileres están por las nubes.

A mí todo eso no deja de parecerme una incongruencias de la Rusia del siglo 21.


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Mis últimas 40 horas de platzkart

septiembre 14, 2011
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Domingo, 28 de agosto

Todo en esta vida llega a su fin y también mi estancia en Rusia. Pero en este país no todo es fácil. Paso la frontera entre Abjasia y Rusia a duras penas. Las colas son impresionantes, el caos indescriptible, me empujan, me aplastan, yo a todo esto con flojera, y tras un par de horas de tortura física consigo poner pie otra vez en Rusia.

Pero obviamente la aventura no se acaba aquí. Tras una hora de marshrutka hasta Sochi, me espera todavía un largo viaje: para volver a Moscú y coger mi avión de vuelta, necesito 40 HORAS DE TREN. Sí señores, 40 horas de platzkart (la temible tercera clase) para recorrer 1.358,66 km.

Ya he hablado en este blog de la irracionalidad de los ferrocarriles rusos (https://viajealcorazonderusia.wordpress.com/2011/08/07/la-irracionalidad-de-los-ferrocarriles-rusos/)

Pero el tramo Sochi-Moscú supera todas mis expectativas. Es mi despedida y mi último contacto con la realidad rusa.
Vamos a meternos en situación. 40 horas equivalen casi a dos días enteros en el tren, dos días y dos noches para ser más exactos, con un calor tremendo y el terrible olor a col y huevos duros… definir el viaje como horrible sería usar un eufemismo.

El tren parece salido de la época del vapor. Para en todas las estaciones, en algunas hasta dos horas. No se entiende por qué hay que tardar tanto tiempo en recorrer una distancia que en Europa en ningún caso llegaría a las 12 horas.

Y no puedo evitar hacer esta reflexión. Hasta que en Rusia no modernicen los ferrocarriles y no construyan carreteras en condiciones, no habrá avance económico. Por mucha política de gas y petróleo que hagan, por mucho dinero (fácil) que fluya hacia las cajas del Estado y los bolsillos de los oligarcas, un país tan grande sin ferrocarriles y carreteras en condiciones es como un cuerpo si venas ni riego sanguíneo. Y esto tiene una lógica consecuencia: necrosis.

Me pregunto cómo pueden crecer los pequeños empresarios, si para recorrer los 300 km. que se paran Volgogrado de Astrakhan necesitan 17 horas de tren. Es un modelo inviable, que condena las pymes a una muerte segura y fomenta los grandes monopolios.
Y que obligas a los viajeros a perder mucho tiempo. ¿Qué sentido tiene todo esto?


Adiós Moscú

julio 31, 2011
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Miércoles, 27 de julio

Adiós Moscú. Te dejo, al menos de momento.

Me voy a conocer la Rusia profunda, donde hay menos turistas y más estepa.

Espero volver pronto.

Dejo tu metro elegante, donde hay hasta estatuas de Lenin (¿quién dijo que las habían retirado del país? No paro de verle el careto al tío) y lámparas estilo Mayakovski.

Dejo tus cúpulas y tus iglesias. Tus perros tuneados y tu alegría nocturna.

Te dejo pues, pero no descarto volver. Espérame.
До свидания!


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Obras en Moscú

julio 31, 2011
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Lunes, 25 de julio

Moscú se parece a Madrid en cierto sentido. Zanjas en cada esquina, obras y más obras…

Las malas lenguas dicen que la mujer del alcalde tiene una empresita y que por esto levantan el asfalto cada dos por tres. No he tenido ni tiempo ni gana de comprobar si el rumor es cierto. En el fondo, éste es un blog y no un periódico, y me puedo permitir el lujo de no ser 100% rigurosa.

Me encanta la idea de una esposa medio mafiosa que encarga obras públicas a través de su marido. Y me gusta creer que no somos los únicos que padecen las locuras de un faraón megalómano.
Así que voy a aplicar el lema de Pedro J.: “No dejes que la realidad te estropee una buena historia”.

Me encanta la faraona de Moscú. ¡Viva la faraona!


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La MGU y las dimensiones soviéticas

julio 30, 2011
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La MGU

Miércoles, 27 de julio

Había que ir a verla. La mítica MGU (Moskovsky Gosudarstvenny Universitet), la universidad de Moscú.
Es el típico edificio soviético de proporciones indescriptibles. Y cuando caminas a su alrededor, te sientes un ser pequeño, totalmente insignificante.
Caminas caminas y parece que no avanzas, como en las pesadillas.

No soy una experta en arquitectura, pero en muchas ciudades soviéticas, como Berlín Este o Varsovia, me he sentido así: minúscula, aplastada por esta arquitectura monstruosamente inhumana.
En Nueva York, por ejemplo, los rascacielos están diseñados de tal forma que, si no miras hacia arriba, ni te percatas. Todo lo que tu mirada consigue abarcar está hecho a medida del hombre y por esto te sientes tan a gusto.
Las ciudades soviéticas, en cambio, parecen haber sido diseñadas con la clara intención de amedrentar al ciudadano. Para que sepa en todo momento quién es que manda.

Cerca de la universidad, me fijo en esta pintada. “El alcohol destruye el cerebro”, reza.
Desde que he llegado a Rusia, hace ahora un mes, tengo la clara sensación de que el consumo de alcohol ha disminuido. Ya no se ven borrachos tirados en la calle; en los trenes no vuelan las botellas; y la gente no te ofrece vodka ni a las 7.00 de la mañana ni por la noche.

De momento, no he encontrado una estadística que avale mi percepción.
Los rusos, por lo general, tienen ideas bastantes contradictorias al respecto. Algunos aseguran que se sigue bebiendo igual que antes. Otros explican que desde que en Rusia se trabaja de verdad (y no como en la Urss), la gente no puede mamarse a todas horas porque tiene que ‘funcionar’. Otros lo explican por las severas multas que se imponen a los conductores borrachos: ya nadie se atreve a subirse al volante con una copa en el cuerpo.

La esperanza de vida de los hombre rusos no alcanza los 60 años y los expertos aseguran que la razón principal de estas muertes prematuras es el consumo masivo de alcohol.

Por otra parte, los periódicos locales publican que en los últimos años se ha avanzado en la lucha contra el consumo de sustitutos del alcohol. Eso es: antes la gente se bebía hasta la colonia, el anticongelante y varios productos médicos que contienen etanol. Ahora parece que no es así. Los fabricantes están obligados a llevar un registro actualizado de sus productos con el fin de limitar su venta en el negocio de bebidas ilegales.

Recientemente, el ministro de Economía, Alexéi Kudrin, ha anunciado que en 2014 multiplicará por cuatro el impuesto sobre el alcohol: hasta 22 euros por litro de alcohol puro. “Para los consumidores supondría pagar 4,5 euros por medio litro de vodka y otras bebidas, en lugar de los 1,13 euros que pagan ahora”, informa un periódico nacional.

Yo personalmente tengo la sensación de que este país está cambiando.


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¡Socorro! Me empieza a gustar el kvas

julio 30, 2011
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Miércoles, 27 de julio:

Nada más llegar a San Petersburgo, Liza me invitó a tomar kvas. No pude. Esta bebida hecha de pan de centeno fermentado y levadura me resultaba abominable.
Parece coca cola por el color y la espuma, pero tiene un sabor fuerte, que no sé definir, pero es un poco bastante desagradable.

Hasta que en Moscú, en un día de calor tórrido, he probado (por desesperación la verdad, era lo único que había) un vaso de kvas al granel, tirado como si fuese cerveza.
Y me ha empezado a gustar.
Sí señores. A todo se acostumbra uno.
Igual dentro de poco empiezo a comer pepinos desaliñados a palo seco.
Hay que ver.

En Yelets, la ciudad de los abuelos de Liza, en las Tierras Negras, hacen un kvas blanco, pero no he conseguido probarlo todavía.
Seguiré informando desde el mundo de las bebidas fermentadas.


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About author

Me llamo Valeria Saccone. Soy periodista, reportera de televisón y fotógrafa. El orden de los factores no altera el resultado. Vivo en Madrid desde 1998. También soy sovietóloga y hablo ruso. Durante el verano de 2011 he recorrido la parte europea de Rusia, el país más grande del mundo. Más de 5.000 km. desde el Círculo Polar Ártico hasta el subtrópico del Cáucaso.

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